Apagué el televicio. Nuestro caso no apareció en el programa piloto. En su lugar transmitieron la otra historia: una señora que prostituía a sus hijas en casa.
Crog, Focko y toda la familia, excepto Mutsumi-chan, dejaron de hablarme, así que el día que se transmitió el primer programa me encontraba con Vacmo y Baxter filosofando con un poco de gallo. Creí que me reiría, la verdad es que estaba triste y no sabía por qué. Ellos y Jack intentaban animarme narrando anécdotas de borrachos.
Pues yo conozco unos señores de la presidencia municipal de Eroticalco. Si tú los vieras, no darías un peso por ellos, losers —narraba Jack—; hay uno que llora alcohol, ya te había platicado: don Miguel.
Mayéutico y sublime, ese pelotín es el dueño del bar San Miguel —dijo Vacmo.
Ése mero, viejo naco, en lugar de decir beber o libar dice “tragar” como si el alcohol fuera carne y tiene una estatua de San Miguel en la cantina. Sus dos hijos mayores son triunfadores, el pequeño es dealer y surte el speed de todo el pueblo, el cabrón quiere ser artista y estudia en el Cea de Televisa.
Ese cabrón consiguió a su esposa en un centro botanero.
Sí, y la trata bien gacho; cada vez que la vieja se enoja, él le contesta: «Pinche vieja pendeja, no la hacías de pedo cuando era pobre, ora menos, que soy rico», y si le reclama de su conducta: «Vieja pendeja, a ver ponte tú a tragar todo el día y dime si es tan fácil, y luego tengo que bailar con pinches viejas que no sé sus nombres, que ni conozco». La mejor es cuando le preguntas cómo debe llegar uno a su casa.
—“Bravo y briago” —respondieron al unísono y yo tuve una odiosa sensación de paramnesia que me hizo pensar en otra cosa.
Y tú, mi muy estimado Gato ¿qué te pasó? —interrogó Baxter.
Nada. Trataba de recordar un chiste.
Más bien pensaba en el gaping ass de una actricilla porno, aún no me aprendía su nombre, era tan elástico que las vergas se deslizaban en él como en una vagina; algún lubricante debía meterse en la preproducción; eso o lo que yo ya sospechaba: la morra era un prodigio; y follarla debía ser una maravilla. Al final del video aspiraba el cumshot como si fuera speed. La magia del porno.
Me bebí la mitad de mi bukowskiana, quité el video porno de la compu de Jack y puse el shonen de un vato que se enamora de una robot bien buena. Baxter se le quedó viendo un rato.
Es como el video de esa canción de Daft Punk, ése que mete las voces al sinte y luego hace improvisaciones.
El vato le tocaba por accidente una chichi al robot y se apenaba, le salía sangre de la nariz. Ese humor japonés a veces era muy pendejo. Baxter seguía viendo la historia, muy atento, al rato dijo:
¿Será posible enamorarse de un puto humanoide, una jaina bien chichona que haga todo lo que uno quiere?
Pues sí, ¿O no?
Jack dijo que esas eran pendejadas.
Pues este animé es así, una metáfora sobre las relaciones con las computadoras, al final a ella le instalan un software para amar, o algo así, y viven felices, como un Blade Runner rosa.
Qué mamada.
Yo digo que sí se puede. Es más, el mismo Black dice: «Si le puedo instalar el hardware de una vagina a mi compu, me caso con ella»; de ese tamaño.
Bullshit. Esos vatos están tan metidos en la ficción que su vida comienza a ser ficticia. Creen que pueden hacer lo mismo que ven en la tele. Son como niños.
Que no, Jack. Sí se puede. La línea que divide lo entrañable de lo enamorable se ha vuelto difusa. No tiene nada que ver que uno tenga la edad mental de una rata.
No mames.
A huevo; sólo en esta época.
No sé cuánto tiempo discutimos. La verdad es que yo únicamente tenía en la cabeza el viejo experimento de Kaede-Chan.
Cuando Baxter se aburrió, puso la peli de Fight Club.



Después del solsticio sobrevino un calor insoportable. En julio, cuando el agua dejó de correr por los bosques y las rocas se llenaron de sarro, una figura se mostró a los ojos de los curiosos que vagaban en las Ventanas.
La roca había caído produciendo una curva hacia la izquierda que se partía en una suerte de delta redondeada, sin aristas. Alrededor, un poco más abajo de la curva superior, se había formado un óvalo de musgo que, seco, daba la impresión de Bóveda Celeste. El óxido, en diversas tonalidades, corría al interior de la delta marcando la otrora caída de agua, excepto en la parte superior y la de en medio. La roca daba una impresión de piel gris. Más abajo había un par de cuernos dibujados con musgo seco que, en conjunto con la roca ocre y las líneas de erosión, saltaban como un punto de fuga radiante. La rambla estaba seca y la visión era reveladora para los ojos supersticiosos.
Virgin, fase tres del proyecto Ikari, tuvo una mejor organización. Fili, Tongo, Baxter, hasta Plug me hicieron el favor de ubicar las notas en las primeras páginas de los diarios en los que trabajaban.

Aparece imagen de la Virgen en una peña.
Agnosia, México (ANSA).– Recientemente, en el municipio de Mineral del Chico, un grupo de jóvenes descubrió en una de las peñas de las Ventanas una imagen de la Virgen de Guadalupe en una roca seca donde pasaba un manantial.
Aquiles Baca y Vilma Madero, oriundos vecinos de la agnosieña colonia Maestranza, caminaban en los senderos de la reserva forestal cuando hicieron el descubrimiento, una clara imagen de la Virgen de Guadalupe se dibujó en la roca como parte de los fenómenos naturales y el caudal del río.
Aún no se conoce la naturaleza del fenómeno que pudo haber causado la formación de esta imagen llena de significados para la sociedad mexicana.
Los religiosos de Agnosia han decidido solicitar una comisión investigadora del Vaticano para avalar la autenticidad de la efigie, ya que, de entrada, se muestran renuentes ante este tipo de fenómenos que se han repetido en numerosas ocasiones entre las más variadas comunidades latinas desde Uruguay hasta Los Ángeles (más información en páginas interiores).

Investigan aparición en Agnosia.
Agnosia, México (DPA).– Científicos del Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Latinoamericana de Ciencias y Estudios Religiosos de Agnosia (Cib-Ulcera), con motivo de la formación de una imagen de la Virgen de Guadalupe en una peña del Parque Nacional de El Chico, se han propuesto determinar la orografía y condiciones del terreno que dieron lugar a la formación del fenómeno.
La imagen aparecida viene a formar parte de otras leyendas urbanas que se han documentado en los últimos años sobre casos similares, apariciones en troncos de árboles y en paredes.
Hasta el momento lo único que los investigadores han encontrado ha sido una roca que, empujada tal vez por un descuidado turista de los cientos que visitan mes con mes el parque nacional, haya caído en el riachuelo dando forma a la imagen.
El doctor Casimiro Bojórquez, geólogo investigador del Cib-Ulcera, ha manifestado la presencia de un agujero unos centímetros arriba de la cabeza, posiblemente de una armella de alpinista, por lo cual no descarta que la imagen haya sido parte de una broma de adolescentes (pase a la página 8).

Dan bendición a la Virgen del Bosque.
Agnosia, México (el Necronomista press).– El Padre Emilio, Presbítero de la basílica de San Guinario, después de avalar y remitir a la Diócesis el caso de la Virgen del Bosque, se dirigió el martes a realizar una bendición de la imagen. Así mismo, acudió un grupo de ejidatarios del Cerezo que la cercaron con alambre de púas.
En el evento, los jóvenes del grupo “Ondas” hicieron una inscripción en madera con una oración «Santa María de Guadalupe, Reina de México, ruega por tu Nación… bendición apostólica a los que las recen y propaguen», así como la fecha simbólica de aparición el 12 de julio.
A este respecto, el padre Emilio narró una anécdota del día que la encontraron los ondinos, quienes celebraban un retiro espiritual en el bosque: “Orador N”, uno de los adolescentes, encontró pasmados frente a la imagen a sus amigos “Aquiles N” y “Vilma N”. El presbítero mencionó que, en un principio, los tres jóvenes se hincaron y rezaron el rosario; luego uno de sus compañeros, “Esteban N”, al verlos ahí, les dijo que antes de cualquier acto de veneración debían consultarlo con los expertos.
Los jóvenes regresaron al campamento y refirieron la historia. Momentos más tarde, aproximadamente quince adolescentes rezaban el rosario a la imagen. El coordinador Daniel N regañó a todos e inmediatamente hizo llegar a oídos del padre… (Pase a la página 4).

Crece Turismo 22% en Agnosia y El Chico.
Agnosia, México (Notimex).– Grupos de creyentes han llegado en diversas procesiones a dejar exvotos y venerar a la imagen de la Virgen aparecida en el Parque Nacional del Chico. «Sin duda alguna esta es una buena noticia» declaró el gobernador del Estado, Dr. Masiosare Jackson Santos, en el marco de la inauguración de la Feria Regional de Turismo, quien luego de conocer los requerimientos en infraestructura turística que requerirá nuestra entidad, autorizó finalmente el inicio de las obras en 330 hectáreas de la ex reserva forestal para la construcción del que será el campo de golf más grande de Latinoamérica.
Peregrinaciones provenientes de San Juan de los Lagos, de Oaxaca, de diversos municipios del Estado de México y el Distrito Federal, de Querétaro, Guanajuato, Guadalajara y Veracruz, así como de todas las regiones del estado desde la Huasteca, Neurotitlán, la Cuenca Minera, Eroticalco, el Valle del Mezquital, Esquizoyucan, y la Sierra, una vez que se ha corrido la noticia de la Virgen del Bosque se han dado cita en los hoteles de los municipios aledaños.
«Esta afluencia turística está dejando una derrama económica que supera en un 22 por ciento con respecto al trimestre anterior, en los municipios de Agnosia, Tanatepec y sobre todo, Mineral del Chico, en el cual los comerciantes han notado cómo su situación mejora con la llegada de turistas, fieles y curiosos», declaró, por su parte el secretario de Turismo.
Los alcaldes de dichos municipios programan un plan de desarrollo urbano y turístico para que el Parque Nacional del Chico se convierta en un centro turístico equipado con la infraestructura básica, situación que, a largo plazo redundará en un mayor beneficio económico.

Dejamos que la histeria corriera durante un mes, que Agnosia se sintiera orgullosa de poseer otro emblema distintivo: cuna de charrería, el golf, la minería y el fútbol, Reloj Monumental, Obelisco masón dedicado a conmemorar al municipio libre, monumentos impresionantes a Cristo, Juárez e Hidalgo; parecían poca cosa. Y en realidad lo eran porque Tonantzin, la virgen de las rosas siderales, la virgen apocalíptica, se hace alabar de diversas formas. Fue tanta la fe, la devoción, la piedad, los sentimientos encontrados, la negación colectiva de las evidencias arrojadas por los estudios hechos en la universidad, las enfermas esperanzas de las personas que le rezaban, la lucha por predominios y adjudicaciones, los egos, los juegos de poder entre Iglesia y Estado, pfff, toda la violencia liberada que puede acumular una sociedad diversificada, que por un momento llegué a creer que no había estado yo el día que la colocamos, que el milagro se cumplía por sí mismo, que únicamente habíamos sido el instrumento de una fuerza superior y que, por lo mismo, nuestras intenciones ya no tenían nada que ver en ese asunto, que la virgen era un milagro y que el proyecto Ikari, como autor intelectual, no tenían parte en aquella manifestación milagrosa. Tales fueron nuestras confusiones. Por eso decidimos destruirla.

Bombazo.
Agnosia, México (el Necronomista press).– La madrugada del 12 de agosto tuvo lugar en el Parque Nacional del Chico una explosión que destruyó la imagen de la Virgen del Bosque.
Ejidatarios que administran el Albergue Alpino escucharon una explosión proveniente de los senderos del sur, cerca del altar. En vano resultó el cateo realizado a los campistas que, de igual manera, fueron perturbados en su sueño por este acto, que algunos consideran vandálico y otros terrorista; un suceso que deja a los pobladores de los municipios sumidos en un mar de indignación.
Minutos después de la explosión, la Central de Bomberos de Agnosia recibió una llamada para movilizar a sus elementos y evitar un posible incendio forestal que hubiera resultado en una tragedia más grande… (Pase a la última página).

El suplemento dominical Desde la fe publicó, también, una misiva pública de Emilio, que fue leída por todos los lectores de El Necronomista.

A todos los fieles de la diócesis.
Resulta indignante que en estos tiempos de apertura, sincretismo y holismo, así como de aceptación a los diversos cultos que conforman la patria mexicana, existan aún esos actos fanáticos y deshonrosos. Como nuestra comunidad bien sabe, el lunes tuvo lugar una explosión en el Albergue Alpino de las Ventanas. Algún perturbado antiteísta, escudado por la oscuridad, acudió furtivamente al altar de Nuestra Señora de Guadalupe y, con un cincel, talló el musgo seco y el sarro que formaban la imagen. No conforme con resquebrajar la roca, colocó unas cargas de explosivo casero al pie de la peña y lo detonó, borrando a la Virgen con fuego, luego escapó velozmente sin ser, hasta el momento, identificado.
Conmino a las autoridades municipales, a la comunidad católica y a la población en general a brindar apoyo para encontrar al culpable de este crimen de lesa humanidad. Pues cientos de fieles ven en este acto un enorme escarnio para sus creencias.
Que no quede crimen sin castigo. Convoco a los miembros de nuestra grey que, aquellos que posean información o contacto con el responsable lo inviten a acudir a la basílica de San Guinario para que expíe sus culpas y alcance, con la bendición de Nuestro Señor Jesucristo, el perdón divino…

Ese domingo fui a misa con fines documentales, sólo para escuchar las palabras de Emilio, y atestigüé, horrorizado, cómo incitó a sus feligreses al linchamiento del culpable. Las notas anteriores y un texto explicativo fueron a dar a la web de Ikari. Decidimos esperar hasta la primavera siguiente para hacerlo público.
La verdad es que el suceso más interesante no se asentó en la página del proyecto:
Ocurrió en el mes de octubre, cuando volvieron las lluvias y nosotros planeábamos la instalación Monument.
Baxter llegó a mi casa bastante sonriente y me entregó unas fotografías de la peña que acababa de revelar. En una de ellas aparecía una rosa blanca en perfecto equilibrio sobre una de las rocas que quedó en el hueco de la cascada después de la explosión.
Fui a ver a Crog para mostrárselas. Primero nos atacamos de la risa, pensamos que el ojete de Focko la había puesto ahí como broma final y celebramos con él ese detalle apenas lo vimos en el patio de su casa mientras arrojaba una y otra vez una botella de Coca-Cola a su perra.
Observó la fotografía durante unos segundos, sorprendido, y rió con extrañeza.
Yo no la puse —nos dijo.
La piel de Lala se agitaba como una cobija cuando corría hacía nosotros con el envase en el hocico.



Llegué a ver a Mutsumi-chan con una dormilona roja, la arranqué de un camellón. Toqué el timbre y, al abrirse la puerta, cual si fuese una cámara de descompresión, se escuchó el siseo del humo de cigarro escapando hacia el exterior, y los arañazos y ladridos de Colilla en la puerta de madera, intentando devorarme.
También prendí un cigarro. Mientras lo fumaba, echaba la ceniza en los resquicios del cenicero, rebosante de colillas. Me recibió Macabra con una cara que le arrastraba hasta el piso, estaba de malas, como todos los días. Dentro de la casa estaba Morgan, hablando con uno de sus amigos por teléfono, estaba todo vestido de licra porque acababa de pedalear en la bicicleta fija.
Preséntame algún amigo —dijo después de colgar—, estás en prepa de paga y algo bueno debe haber para mí; bueno, nos vemos, ya empezó 100 mexicanos dijeron.
Esperé. Reflexionaba que yo no iba en una preparatoria de paga cuando Mutsumi-chan llegó con un ladrillo de fotografías. Los primeros días pasábamos el rato viendo sus imágenes de rata, y escuchando las voces del poltegeist de la casa.
Los miembros de la familia tenían una relación muy tensa, ellos culpaban de todo a un portal dimensional entre el cuarto de Macabra y el de los padres… también culpaban al niño muerto, y a la niña que arrullaba, y al duende del jardín y a algunos de los fantasmas que iban de visita. Era común que al llevar una flor, como la dormilona roja, se marchitara en cosa de horas.
Las voces humanas eran otra cosa:
«Huele a orines, perras, ¿cuál de ustedes fue?»
La residencia era un zoológico. En el piso siempre había manchas de orina, caca o endometrio, de perra o de gata.
Con el paso de las semanas me habían aceptado gradualmente. Algunas veces debía huir rápido, sobre todo los viernes sociales, cuando el señor Daft llegaba entonado, y yo debía sobrellevarlo hasta la madrugada, con la mirada de mi suegra congelándome de cuando en cuando detrás de la puerta, o con Mutsumi-chan pegada a mis costillas. Debía jugar No Te Enojes y dejarlo ganar para que no se enojara.
Lo más insoportable era cuando empezaba a hablar de mi familia. Decía que la dinámica con Otousan, Okaasan y el Sempai era disfuncional y le hacíamos daño a Kaede-chan.
Mira, tú ahorita eres concha, apenas vas empezando y vas a necesitar jalar a tu hermana cuando tus padres se divorcien.
Otousama y Okaasama son felices, señor, no serán muy buenos padres pero son excelentes esposos.
Es cuestión de tiempo, porque en tu familia no hay la educación que en ésta. Pero no me respondiste. Imagina que te dejan a tu hermana, ¿Kikuko?, ¿Cómo dices que se llama?
Kaede.
Ka-e-de. Qué nombrecito.
Significa Arce. Convencí a mis padres después de alegar que ellos me pusieron el nombre de un muerto.
¿Qué harías?
No sé, cargar con ella, supongo. No pienso mucho en eso.
Eso me decía; y a lo lejos se escuchaba:
«Pinche Magali, hija de la chingada, volviste a agarrar mi blusa de rayas».
«No es cierto, Bárbara; la agarró Morgan; no lo viste».
«Ash, o sea, no fui yo, ¿sí?, yo estoy haciendo tarea».
«Te voy a tirar tus cosas, Magali, quita tu pinche tiradero».
«Si me tiras algo te mueres».
«¿Quién cagó en el baño y no le echó una cubeta?, ven que no hay agua y están de puercas, ¿fuiste tú, Morgan?»
«Que no».
«Entonces fuiste tú, Magali, metiste a ese escuincle y dejó su mierda embarrada».
El señor Daft ignoraba aquel background, igual que todas las cosas que uno simplemente no escucha cuando se encuentra en un placentero estado de embriaguez.
Daft y Punk eran mis suegros, bueno, en cierto modo aún lo son. Incluso antes del sarcoma (el único motivo por el cual, unos años después, Mutsumi-chan y yo volvimos a Agnosia una temporada, aunque a escondidas, fue el funeral), el señor Daft era flaco y, en aquella época, con o sin yernos merodeando, él y la señora Punk se encerraban en su cuarto a las ocho de la noche.
Él había tenido una juventud accidentada; en el Norte se rumoraba que tenía dos o tres hijos regados. Casarse con la señora Punk y mudarse a Agnosia lo habían calmado bastante; hasta el acento había perdido.
Yo soy del Norte, y allá sí tenemos valores —me decía—, allá la gente no es como ustedes, chilangos.
Chilangos son los que viven en el Chilango, señor.
Es lo mismo: agnosios, pipopes, jarochos, si eres del Centro, eres chilango.
Cuando reiniciaban los gritos al otro lado de la puerta yo sonreía con la mitad de la boca y el señor Daft retomaba:
A ver, Hugo, ¿Cómo te ves de aquí a cinco años?
No sé. Haciendo investigaciones en genética cognitiva o neurofisiología, señor, un doctorado en historia del arte comparada, no pienso mucho en eso.
No, cuál doctorado, todavía estás pichón y a ti te toca, a chaleco, cargar con tu hermana, porque tus padres se van a divorciar… yo eduqué a mi hija para que pida lo mejor… a mi pequeña no le pones los cuernos o te mato, te lo canto de una vez.
Señor, sí, señor.
Ya les tocará a ustedes darles a sus hijos, no puedes estar de golfo, ¿Me regalas un cigarro?
Justo le iba a pedir uno, señor.
Los robados saben más rico; no se te olvide, estás en campaña. Gánate mi aprecio. Vieja, tráete el Jack Daniel’s.
La señora Punk trajo dos vasos old fashion, sin hielo. «Ándale, para que chupes como hombre». Como él puso el chomua, no tuve más opción que sacar los Lucky Strike y ofrecerle uno.
«Cigarros de señorita», dijo, «Aída, tráete los Delicados». Hicimos una tregua mientras dábamos los primeros sorbos.
A ti te va tocar mantener a Magali —dijo más calmado—, ella no está para estudiar, su madre le cosió esa idea desde chica: “Tú te vas a casar con un rico”. Y ahí tienes: no le gusta la escuela; vas a ver; ni a la universidad llega.
Mutsumi-chan ya está en la universidad, señor; sus hijos son genios, al menos Morgan y Mutsumi-chan; a usted le consta.
A Magali no le gusta, va a pasar el rato, para ella son como clases de macramé.
Ya no estamos en la Revolución, señor. Además Mutsumi-chan me contó: su esposa lo mantuvo mientras usted estuvo desempleado.
Eso es otra cosa. Si algo así ocurriera en tu casa te aseguro que tus papás se divorcian…
Sesiones como aquella ocurrieron todos los viernes.
El problema no era el señor Daft; en realidad él era un hombre agradable. Hablar de los hermanos ya era otra cosa:
Por ejemplo, cuando Mutsumi-chan tenía una idea, Morgan veía burro y quería viaje. Cuando lo conocí era un soltero feliz; apenas Mutsumi-chan empezó a salir conmigo, le se le ocurrió que debía conseguir pareja.
Lo invité a salir con unos compas de Fili: Basil, un inglés microempresario, tenía una empresa que testeaba videojuegos; Rain, amigo de Vórtex, había trabajado en una casa de la risa en Canadá; y Golmo, en aquellos días ya escalaba la sinuosa jerarquía de los grupos parroquiales.
El problema era que Morgan siempre apantallaba a todo mundo con su currículum, estudiaba su segunda carrera, hacía su maestría en el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales, tenía coche propio y, a sus 21 años, ya tramitaba su casita en el infonavil.
Luego de varios fracasos, el único que ganó su atención fue Focko, cuando le contó su odisea por Latinoamérica. Ambos quedaron prendados y Mutsumi-chan y yo tuvimos que juntarnos con ellos para guardar apariencias.
Lo más aburrido era verlos acaramelados. Un día nos fuimos a escalar y luego de tres horas ya estaban mordiendo las vestiduras de la Changa, la Caribe 81 de Morgan. Ese día, Mutsumi-chan y yo preferimos ir a brincar encima de una peña, bosque adentro, luego de un gigantesco porro, cualquier cosa para no escuchar los cariños que se hacían.
Luego estaba Macabra. Un mes después fue el cumpleaños del doctor Punk y Focko tuvo la puntada de invitar a la rondalla de Crog. Macabra se encaprichó de él. Durante la tarde bohemia sólo ella lo atendió. Una de las veces, cuando fui a la cocina a robar una cuba de Chivas Regall, vi cómo se limaba las uñas en la cuba de Crog.
Después de encamarlo le encandiló a Alquimia. Con el dinero que Crog sacaba de las serenatas pagaba sus salidas. Y cuando mis suegros le decían que no podía salir, se llevaba a Alquimia con ella.
A veces, cogían enfrente de Alquimia. Todos nos enterábamos porque después la criatura se mecía como autista hasta tres días seguidos. Cuando el dinero ya no les alcanzó, Macabra empezó a vender productos de Jafra y Betterware. Se acostumbraron a vivir así, manteniéndose el uno al otro.
Macabra juró que Alquimia era de su exnovio y, cuando nació, el examen de adn dio positivo. El tipo desapareció un par de meses después, cuando Daft-sama lo amenazó. A veces la visitaba para remar. Todos lo sabíamos, excepto Crog y el señor Daft. A la señora Punk le daba igual.
«Es el padre biológico», decía, «cómo le vamos a negar que vea a la niña».
Macabra era la mayor de los tres. Su hija nació de puro milagro. Incluso una semana antes de parir, Macabra estuvo aspirando speed en una fiesta. Mutsumi-chan contaba que el parto se prolongó cuarenta y ocho horas y al final le practicaron una cesárea. La criatura no quiso probar ni los calostros, el speed les da mal sabor, y Macabra tuvo que consolarse amamantando un tiraleche.
Todas aquellas rutinas, obligadas a existir en el mismo espacio, se fosilizaron en cuestión de semanas.
A excepción de Mutsumi-chan, nunca salió nada bueno de esa familia. A menudo le decía, y aún le digo: «Este mundo, yo incluido, no te merece». Es la pura verdad.



Mutsumi-chan escribía una guía de suicidios. En uno de los apartados hasta venían tipologías psicológicas de acuerdo con el tipo de desayuno.
Desayuno juvenil: una Coca-Cola de 600 mililitros y 46 gramos de Sabritas.
Desayuno rockero: un cigarro con 0.9 miligramos de nicotina, 12 de alquitrán y 10 de monóxido de carbono, más ocho onzas de Nescafé.
Ayuno religioso: dos litros de agua y una cajetilla de cigarros, antes de las 17:00 horas.
Le pregunté:
Si desayuno una Coca-Cola y tres Lucky Strikes, ¿en qué categoría entro?
Para nosotros hay una especial.
Era el Desayuno suicida y sus ingredientes me resultaban hipnóticos: un mendrugo de pan seco y medio vaso de cerveza, de raíz, si era posible.
Según Mutsumi-chan, esta dieta fue desarrollada por un nutriólogo llamado Charles Dickens; decía que la combinación de levaduras desnutría lentamente, arrebataba del cuerpo todo atisbo de resistencia y predisponía la neurofisiología para una iluminación premortem.
Esta dieta fue certificada por Van Gogh —me dijo al tercer día, cuando yo estaba a punto de desertar. Sus palabras fueron tan hermosas; ni siquiera le pedí la bibliografía.


When routine bites hard, and ambitions are low
Joy Division


La culpa es de Fluff. Lo estuve reflexionando. Hay de sluts a sluts y como mis experiencias primarias estuvieron atadas a ella, llegué a pensar que todas se portaban de la misma manera. De alguna manera lo hacían. Inés, Babe, Plug. Todas contribuían a reforzarme esa visión.
Orri, en cambio, tenía ideas similares a Britney Spears: la virginidad a medias lo permite todo, excepto la vagina, aquella está reservada para el matrimonio, es el recurso con el cual se convence al imbécil definitivo y, de paso, se asegura el uso de un vestido blanco.
Lo importante era no ser ese imbécil. Las relaciones para nosotros consistían en esa batalla. Lo recordé tan pronto desapareció Orri.
Un día después del novenario Lu organizó una fiesta fantasma, a petición mía. Aprovechando los permisos de mis padres y mis tíos, convencí a Fluff para encerrarnos en un motel durante 17 horas. Al principio yo tenía miedo, nunca había estado solo contra ella y temía que, por nuestros hábitos, una sola verga resultara insuficiente.
Ella era complaciente. A todo me diría «sí»; siempre lo hacía; y más si yo me portaba cariñoso; era lo único que ella pedía. Yo sólo buscaba mantenerme cansado la mayor parte del tiempo, no dejar la mente en calma. A ella le daba lo mismo.
Esos dos días cogimos hasta sangrar.
Cuando nos despedimos no sabíamos que aquella iba a ser la última vez juntos; no podía ser de otra forma, mas lo ignorábamos aún. Quizá aquel encerrón nos vació por completo, quizá el hecho de escrutar en su cuerpo hasta las partes que ni ella conocía me drenaron todo el interés. No era la primera vez, mas no creí que fuera a ocurrirme con Fluff. No con mi primer amor platónico. Ella terminó sintiendo lo mismo.
Después vino Mutsumi-chan y todo cambió, dejé de visitar a Lu y a Bully, corté todo contacto con esa familia, así, sin explicación, igual que el Sempai, igual que mis padres. Cuando vi a Fluff varias semanas después, yo ya tenía los pies bien plantados en Mutsumi-chan.
Cuando la conocí, Mutsumi-chan tenía catorce años y el cabello rojo como tezontle, la apodaba Rocky, usaba anteojos redondos. Cuando nos acostamos por primera vez, en casa de Focko, estábamos drogados. Fue un viaje de gallo en estado puro, sin polvo de jales, sin speed, sin patchuli. Mutsumi-chan odiaba el ojorrojo y, al contrario de Orri, argumentó motivos estéticos: «los ojos se ven feísimos, ni loca», a partir de entonces dejé también el ojorrojo.
Esa noche estuvimos platicando de qué le haría cada uno a Fluff. A ella también le gustó. Cuando hablé de un trío me topé con pared.
Ni madres —me dijo—, a Fluff no te la comparto.
¿Siquiera me dejarías ver?
No, Hugo, soy muy celosa, me gustó para mí.
La forma cómo empezó todo con Mutsumi-chan fue curiosa. Dos o tres días después de mi encerrón con Fluff, llegué al café Estival. Mis ojos se abrieron llenos de una alegría que no sentía desde el concierto en el Tzócalo, no me sentí así de bien ni cuando tuve a Fluff para mí solo. Al ver a Mutsumi-chan recordé aquella canción de los Beach Boys, el piano, el golpe de la batería:
Would’t it be nice to live together…
Yo dejaba una estela de flores a mi paso.
Mutsumi-chan estaba discutiendo con Vórtex, Fili y otros dos vampiros, iba sin la Marrana. Quité como pude a Vórtex y me senté junto a ella. De vez en cuando miraba de reojo su blusa, le daba una figura particularmente llamativa a su pecho infantil. Platicamos de cientos de cosas. Primero del Sátiro y del Sarcástico, del Apático y del Dionéo.
«Son figuras con las que sustituimos al Ángel y al Demonio en la iconografía arquetípica de la Conciencia», le dijo Vórtex, «se adaptan más a la axiología contemporánea».
Ah, pero el Neko tiene a sus propias figuras ¿O no, Neko?
¿Y quiénes son? —preguntó ella—, ¿Diego y Frida?
Sócrates y Diógenes.
Le expliqué toda mi teoría alrededor de las sindéresis de bolsillo:
El pequeño Diógenes era el complemento, sí, y también adversario moral del pequeño Sócrates, el otro camino recto.
O sea que Diógenes no era el diablo, ni Sócrates el ángel, porque con ellos no se negociaba; o los obedecías o los ignorabas, jamás el regateo, porque si lo hacías ellos empezaban a callarse y, llegado el momento, su silencio era definitivo, con lo cual nuestra moral quedaba desamparada, a merced de las otras voces del inconsciente.
Después la charla cambió. Al poco rato, cuando me aburrí de escuchar divagaciones sobre las sagas de Ann Rice y la psicomagia de Jodorowsky, empecé a utilizar una de mis tácticas erísticas para acallar a los vampiros. Mi método consistía en convertir en dilemas, por medio de retruécanos, cualquier afirmación dicha más o menos en serio, y aderezarlo con términos de diccionario: filogénesis, taxonomía, epanodiplosis, matemagenia, egocístole, y otras de ésas que hasta sin contexto apantallan.
Cuando los vampiros estaban a dos entimemas de chuparme la sangre, Mutsumi-chan pareció entender mis intenciones y me pidió que la acompañara al cuarto de bombas. Lleno de renuencia bajé las escaleras hacia aquella tierra de nadie. Ella avanzó delante de mí y volví a ver sus nalgas oscilando escalón tras escalón, eso me distrajo. Mientras la esperaba, observé los eslabones cromados del letrero nuevo, atento al mínimo movimiento. De regreso a la mesa, agarrado de su mano como un puberto, me sumí en un mundo en el que sólo estaba ella. Me sentí tremendamente bien.
Cuando regresamos al café ya estaban en la mesa Fausto y el Emperador, sus amigos de las clases de inglés.
El resto de la velada en el Estival resultó insustancial, a las pláticas sobre novelas de vampiros y simbolismos iniciáticos en Dragon Ball Z se sumaron las divagaciones materialistas de Fausto y las ocurrencias megalómanas del Emperador.
De pronto discutíamos que en nuestra época, post Jung, y post Nietzsche, y post Gadamer, la mitología se construía a partir de sus propias ruinas; como ya no teníamos ataduras con ninguna tradición, la línea de unión con el inconsciente había sido cortada.
Bajé al baño nuevamente antes de llevar a Mutsumi-chan a su casa en Guerrero. Al subir la encontré en la sección de libros hojeando uno, Seducción femenina o algo así.
¿Sabías que las niñas que practican ballet desde pequeñas son mejores en el sexo?
¿Qué es eso?
Le pregunté fingiendo interés cuando cerraba el libro. Pareció darse cuenta de mi mala leche, porque respondió:
Esto es cultura —y me mostró todos los estantes con un mano—, ¿Te conté?, yo en mi otra vida fui cortesana. No pongas esa cara, ellas eran las únicas mujeres que tenían acceso a las bibliotecas en la época victoriana.
Yo he usado baños de la era victoriana. Imagino que a los nobles a quienes no les alcanzaba para su cortesana usaban daguerrotipos porno. ¿Sabías que los daguerrotipos también tenían acceso a las bibliotecas?
Las juzgas como si fueran malas pero ellas tenían un importante papel entre la realeza europea. Además, no eran putas: tenían un rango menor al de las amantes y concubinas, eran excelentes conversadoras, y no eran tratadas socialmente como prostitutas, tenían amantes de planta; mientras las jineteras vulgares se acostaban con plebeyos y campesinos. Por otro lado están las geishas, ¿Sabes por qué les deformaban los pies?
Nop.
Es que así se les estrechaba el esfínter.
¿Sabías que una de cada cuatro personas en Google busca porno?
O sea, de cada cuatro veces que entras a internet, ¿una te masturbas?
¿De qué número calzas?
Vete al diablo.
Caminamos. En el transcurso me contó varias historias parecidas. Tenía un coeficiente de 140 y tomaba un curso avanzado de genética de plantas en la Ulcera.
¿Sabes qué sería bueno, Rocky? un criadero de hongos, tú haces el agar y yo consigo las esporas.
Estaría bien, los hongos son sucios.
¿Sucios?
Así se les dice a las plantas cuando crecen en cualquier lugar, no entiendo por qué, los frijoles hacen lo mismo y les dicen “nobles”… tú consíguelos y los vendemos, aunque no crecen en agar, necesitaríamos hacer un sustrato de hojas de tamal, y un cuarto húmedo.
Tú nomás avísame.
La verdad, Neko, ya sé cuál sería el negocio perfecto. Maíz.
No mames, Rocky, maíz es lo que sobra en México.
No, menso. Maíz transgénico. Le metemos una cadena de adn de thc, Papaver somniferum, Erythroxylum, Dicetilmorfina cosecha 1874. Imagina cuán fácil sería distribuirla. E imagina cuando Craig Venter produzca la primera forma de vida sintética. Será el narcomenudeo del nuevo milenio.
Estaba enamorado.
Ella caminaba nerviosamente por la banqueta, saltaba las líneas y las grietas tratando de caminar en espacios lisos, hablaba despacio, me envolvía, preguntaba mi opinión sobre la Santa Muerte, sobre la agencia de seguridad microempresarial Zeta, sobre la matanza del 68. Yo detestaba el culto a la opinión:
Opinión tienen quienes no saben, Rocky, los pendejos con iniciativa.
¿Esa es tu opinión?
Se negó a cruzar por el parque del Tzócalo.
Mi mami me lo ha dicho, ahí asaltan.
Fue inútil intentar convencerla de lo contrario «Yo paso diario por aquí, Rocky, este parque está junto al Palacio de Gobierno, los delincuentes están adentro, de ocho a cuatro y media». Me obligó a darle toda la vuelta al Tzócalo por los arcos. En el portal perpendicular a la calle de Guerrero nos encontramos algunos compas hippies y platicamos con ellos, cada quien por su lado. De camino inició el interrogatorio de rigor:
¿Por qué te dicen Neko?
Significa gato.
¿Por qué Gato?
Es mi Curp. Orlando Hugo García.
¿Orlando?, como Orlando furioso.
Es por mi tío muerto.
¿Ese Licona al que le pegaron el sida en el dentista?
No, su hermano.
A ja ja. ¿Tu Curp?, ¿en serio?
Neto. Varios de los compas tenemos el apodo por nuestra Curp, o por algún anagrama de nuestros nombres. Focko: Kevin Francisco Fonseca. Crog: Genaro Luis Cruz. Fili: Filiberto. Tongo: Gonzalo Torres. Baxter antes era “Sicko”: Kevin Eduardo Silva.
¿Religión?
Hace poco me convertí al hedonismo; antes era domador de serpientes.
¿Por qué te vistes siempre igual?
¿Lo dices por el suéter de lana?
El suéter, el pantalón azul, los Converse.
Culpa a Einstein. Él decía que la vanidad quita tiempo y esfuerzo mental. En realidad no es la misma ropa, sólo el mismo modelo.
¿Hippie?
Yo sí me baño. Aunque tengo problemas para encontrar un buen desodorante. Casi todos tienen aluminio, y esa mierda causa alzheimer.
¿Punk?
No.
¿Metalero?
Nunca.
¿Qué eres?
Mutsumi-chan ponía en estas preguntas una insistencia particular. Yo debía responderle con sinceridad. Estábamos en esa edad en la cual todas aquellas etiquetas eran importantes; como si ser emo, o patineto, o vampiro fuera parte de un entramado, de un plan superior que definía todo nuestro devenir cósmico…
Dicen que otaku. Yo digo post-otaku.
¿Qué dulce te gusta más?
Esos chinos, White Rabbit. Los van a sacar del mercado porque los hacen con melamina. ¿Y a ti, cuáles?
Miguelitos.
¿Con o sin plomo?
Con.
Ea.
La dejé en su casa y me dio su número de teléfono celular. Quedé de marcarle para vernos después.
Algunos días más tarde, la Marrana vino a mi casa; dijo que no buscara a Mutsumi-chan, porque si lo hacía me iba a romper toda la madre.
Me negué. El primer golpe lo dio él. Mi ceja fue a tallarse directamente contra el piso.
Cuando me levanté me recibió con un puñetazo directo en la boca. Tenía una fuerza encabronada en esas pinches manos puñeteras. Había práctica.
Lleno de sangre, empecé a reírme. Aquella visión de mis dientes, rojos como una granada, lo desorientó; lo hizo encabronarse al doble.
Peleamos.
Él no dejaba de distraerse cada vez que me reía cuando me conectaba un putazo.
Aquello se prolongó. Estuve a un paso de caer ante su técnica.
Finalmente cayó derrotado cuando concentré mi ki y, aún riéndome, lancé mi ken a una de sus costillas flotantes.
Luces epilépticas adornaron el impacto. La Puerca se dobló y cayó al piso. Aproveché aquella caída para terminar el trabajo.
Me hinqué sobre su pecho con una rodilla y con la otra le golpeé la sien hasta consumir todos sus hit points, mientras lo sujetaba del cabello.
Mientras lo hacía me acordaba de una película donde un vato le deshace la cabeza a otro a putazos. Intentar algo así debía ser muy cansado. Sólo lo dejé ahí, tirado.
El consejo del ataque a las costillas me lo dio la misma Mutsumi-chan, preocupada de que la Marrana hiciera exactamente lo que hizo.
No dijo por qué; yo sabía que aquella información era una venganza. La Marrana la había obligado a practicar algunas secuencias de porno hardcore y eso la había molestado mucho. Durante varios meses él había abusado sistemáticamente de ella.
Con la Marrana y con Fluff fuera de nuestras vidas, Mutsumi-chan y yo empezamos una relación muy ligera, con la idea de pasar el tiempo.
No sabíamos que aquella sería una relación tan larga, tan como definitiva. De haberlo sabido, quizá hubiéramos esperado algún tiempo para conocernos en otras circunstancias.
Porque los meses siguientes, cuando se desató el infierno, ella y yo estuvimos siempre en medio, siempre juntos, acumulando todo ese rencor para los años venideros.